¿QUÉ MIRO DESDE EL CIELO?


Un planeta en agonía, lacerado por la mano del hombre, al que le correspondía mantener el planeta en perfecto estado…

MIRO EL DESTROZO DE LA NATURALEZA. Los árboles han sido y son eliminados sin pensar en reemplazarlos; el agua escasea en la tierra, donde sobreabundó el agua, falta en este instante. En la guerra pelearán por el agua, como en este instante buscan adueñarse del petróleo.

¡Cuántos hombres sirven en Mis Templos por interés de ganar un poco de relevancia en la sociedad!, pero no Me respetan ni Me aman como Yo deseo que esas almas Me amen.

MIRO CÓMO MIS CONSAGRADOS DELEGAN EN LOS MINISTROS DE LA EUCARISTÍA LAS FUNCIONES QUE SON EXPRESAS DE MIS SACERDOTES, lo hacen porque algunos no Me sirven con suficiente Fe. Soy tratado con descuido sin que Mis Consagrados sean totalmente celosos de Mi Presencia real en la Eucaristía. Miro esto y Mi Corazón se oprime ante tan grave acto.

MIRO LA FALTA DE ORACIÓN EN ALGUNOS DE MIS CONSAGRADOS, de ahí nace la deformación en el espíritu que les lleva a caer en el desaliento, en la rutina. Algunas prédicas son pobres, carentes de Mi Palabra, algunas de esas prédicas carecen de la motivación y fuerza para que Mi Pueblo despierte.

MENSAJE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

A SU AMADA HIJA LUZ DE MARÍA

16 DE AGOSTO DEL 2016

http://www.revelacionesmarianas.com/mensajesanteriores.html


ESTA GENERACIÓN SE HA DESATADO EN CONTRA DE TODO LO DIVINO, EN CONTRA DE MI MADRE SANTÍSIMA… ESTA GENERACIÓN SE HA PRONUNCIADO EN MI CONTRA.

ASÍ ES Y SERÁ EL TIEMPO EN QUE VIVE: calamidades, enfermedades, desastres naturales, grandes cataclismos, levantamientos de hombres en contra de hombres, matanza de inocentes, irrespeto e incumplimiento de la Ley Divina, de los Sacramentos y demás prácticas de piedad.

En algunos de Mis hijos, Mi Cruz no cuelga en el pecho por amor sino por modernismo, y en algunos casos por motivo de burla.

INVOCAN A SATANÁS PARA QUE ESTE TOME LAS RIENDAS DE LA HUMANIDAD… IGNORAN QUE TODO PASARÁ, PERO MI PALABRA NO PASARÁ.

MIRO LA FALTA DE CONCIENCIA HUMANA QUE NO PIENSA MÁS ALLÁ DE SU SER FÍSICO, NO TIENE CONCIENCIA DE SU SER ESPIRITUAL, no tiene consciencia de que su cuerpo emana bien o mal, y este influye en toda la Humanidad. Una criatura de bien es una expansión de Mi Amor, y va tocando las almas de sus hermanos, moviendo corazones endurecidos.

MIRO CÓMO NO COMPRENDEN QUE USTEDES SON UNA IMPORTANTE FUERZA EN LA TIERRA, FUERZA DE BIEN O FUERZA DEL MAL. Mis hijos tienen que tener consciencia de que emanan oscuridad o luz, y esa emanación se mantiene latente, cada instante. No son cuerpos inertes, son capaces de lograr milagros con el poder de la Unidad.

Cada uno de ustedes es como un universo en pequeño, con el mayor potencial de la Creación. Atiendan y utilícenlo para bien del alma.

TRECE DE JULIO


A mediados del mes pasado (Junio), las ganas de ir al baño me hicieron despertar de madrugada, pero me quedé un momento para ver si se me pasaban esos deseos para no levantarme. De pronto “apareció” en mi mente “13 de julio” sin año, la verdad no se como describirlo, solo puedo decir que fue muy intenso.

No se lo que significa, espero saberlo mañana si Dios quiere.

En todo caso mañana 13 de Julio volveré a trabajar después de unos días de descanso.

Además hay algunos eventos que están por ocurrir, según revelaciones marianas a saber:

  • Oren hijos Míos y miren al Cielo, la admiración será grande. (Mensaje de la Santa Virgen María 21/06/2016)
  • Hijos, miren a lo alto, las señales no se hacen esperar, miren el clima es agresivo. (Mensaje de la Santa Virgen María 15/06/2016)
  • MIREN A LO ALTO, LAS SEÑALES DESDE ARRIBA NO SE HACEN ESPERAR. (Mensaje de nuestro Señor Jesucristo 05/06/2016)
  • Oren, hijos Míos, oren, Sur América se estremece. Chile (4) será invadido por el mar ante el estremecimiento de la tierra, por lo cual Perú, Bolivia y Argentina compartirán ese estremecer de la tierra. (Mensaje de nuestro Señor Jesucristo 05/06/2016)
  • Oren, hijos Míos, oren por Chile y la Argentina. Chile será estremecido y será sorprendido por algo que no espera. (Mensaje de la Santísima Virgen María 23/04/2016)

 

NUESTRO YO HUMANO


El yo humano se alimenta de los pensamientos, sentimientos, deseos y actos de cada uno de ustedes. En cuanto más egoísta es la criatura, más impone su yo, sin atender al hermano que posee sentimientos, corazón, sensibilidad, mente, pensamiento.

EL YO HUMANO LOGRA UN GRAN HOMBRE… O LOGRA DE UN HOMBRE, UN GRAN ESCLAVO DE SÍ MISMO.

MENSAJE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
A SU AMADA HIJA LUZ DE MARÍA

21 DE JUNIO DEL 2016


Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado:

Hijos, no necesitan dejar de pensar en ustedes, hijos Míos. Cada uno necesita un alto en el camino para que se miren y analicen en qué estado espiritual se encuentran.

Como Madre de la Humanidad, debo decirles:

¡BASTA YA, DETÉNGANSE!, NO DESEO QUE SE PIERDAN…
SE ENCUENTRAN EN UN INSTANTE PELIGROSÍSIMO EN EL QUE PUEDEN PERDER EL ALMA.

La convulsión de la Humanidad invade la mente, el pensamiento y el corazón del hombre.

Esta convulsión ha sido trazada para que ocurra en este instante preciso, programada con antelación como parte de quienes gestan la instauración del anticristo, el aberrante engañador, el profanador de cuanto sea de la Casa de Mi Hijo.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado, el yo humano es una bendición para cada uno de ustedes, que se saben y se reconocen como criaturas humanas, cada uno diferente de su hermano. El hombre ha dado un uso indebido del yo humano, diferente como criatura libre, para tomar decisiones, en este instante contrarias a la Voluntad Divina.

Llegará el instante en que los hijos de Mi Hijo, tomen el sendero equivocado y se precipitarán al abismo. Viviendo en el pecado, potenciando el poder del demonio, el que usurpará las mentes de los inocentes, jóvenes y adultos, para luchar por su objetivo: “QUE LOS HOMBRES DE ESTE INSTANTE NO SE AMEN UNOS A OTROS COMO HERMANOS DE UN MISMO DIOS”, SINO SE EMPEÑEN EN CORROMPERSE UNOS A OTROS.

El yo humano no será en el hombre causa de bien. El hombre tiene conocimiento de que posee su yo humano, y ha llevado al yo humano a ser invadido por las malas acciones…

El yo humano, hijos Míos, se alimenta de los sentimientos negativos, de los deseos negativos, de la soberbia, de la imposición sobre otros hermanos y de la venganza…

El yo humano se alimenta de los pensamientos, sentimientos, deseos y actos de cada uno de ustedes. En cuanto más egoísta es la criatura, más impone su yo, sin atender al hermano que posee sentimientos, corazón, sensibilidad, mente, pensamiento.

EL YO HUMANO LOGRA UN GRAN HOMBRE… O LOGRA DE UN HOMBRE, UN GRAN ESCLAVO DE SÍ MISMO.

Este es el instante, hijos Míos, en que deben conocer cómo intervienen en ustedes los Dones que recibieron para llevarlos hasta Mi Hijo y que sean multiplicados por el Espíritu Santo. Por ello el Cielo les lleva de la mano para que no se equivoquen, y se reconozca cada uno tal cual es, para que el demonio no les engañe.

HASTA QUE EL HOMBRE RECONOCE CON HONESTIDAD CÓMO SE COMPORTA, LOGRA CRECER…

MIENTRAS EL HOMBRE NIEGUE LAS MALAS ACTITUDES O TENDENCIAS, NO LOGRARÁ SALIR DE LA OSCURIDAD, CORRIENDO EL PELIGRO DE SER MÁS DEL YO HUMANO Y MENOS DE LA FRATERNIDAD A LA QUE LES LLAMA MI HIJO.

CADA PALABRA DE ESTE LLAMADO ES PARA, TI HIJO MÍO, PARA TI QUE LEES, ES PARA QUE LO MEDITES Y NO LO DEJES PASAR, COMO SI FUESE PARA OTRA CRIATURA HUMANA. Cada hombre tiene su yo humano, y tiene la responsabilidad de reconocer cómo es su yo humano, para que no camine en contra de la Voluntad Divina.

Es necesario que el hombre en este instante ubique su yo en el lugar debido, PARA QUE LE DÉ EL ESPACIO, EL CENTRO A MI HIJO Y ÉL SEA TODO EN TODOS. Solo así Mi Hijo logrará auxiliar a Sus hijos para que obren y actúen a Su Manera Divina.

COMO MADRE NO DESEO HOMBRES QUE NO RAZONEN…
PERO TAMPOCO DESEO HOMBRES A LOS QUE LA RAZÓN LES ENDUREZCA EL CORAZÓN.

Reparen sus obras y actos indebidos, esto lo logran las grandes personas, los grandes hijos de Dios, a sabiendas de que la hora de la ciega llegará y se encontrarán al lado del trigo o al lado de la cizaña. Este instante amerita praxis del bien y esta praxis inicia desde dentro del hombre.

NO ESPEREN A QUE SUS HERMANOS CAMBIEN, SINO AL CONTRARIO, EL CAMBIO DEBE SER PERSONAL Y ESTO LE FACILITARÁ AL HERMANO DAR EL PASO PARA SER MEJOR HIJO DE DIOS Y MEJOR SER HUMANO.

El verdadero cristiano sabe que no es deber del prójimo ajustarse a su obrar y actuar, a sus exigencias que además pueden estar equivocadas. El vivir en la Voluntad Divina inicia con el amor a Dios y el amor fraterno, no en un campo de batalla por sobresalir.

Hijos, no hagan mal uso de la inteligencia, ganando provecho personal. EN UN INSTANTE SE ENCONTRARÁN FRENTE AL AVISO Y EN ESE INSTANTE CUANTO HAN ACTUADO Y OBRADO INDEBIDAMENTE, LO TENDRÁN FRENTE A CADA UNO, EN EL SILENCIO DE ESE INSTANTE EN DONDE SE ENCONTRARÁ CADA UNO, ANTE SÍ MISMO. El silencio del examen de consciencia personal, del veredicto personal, el mayor silencio que jamás han experimentado. La soledad que parecerá interminable, en donde el mínimo acto será sentido en la balanza personal, para bien o para mal. El AVISO es Misericordia Divina, si la criatura humana pasado éste, se arrepiente y no escucha las voces de quienes, al poseer tanto mal, se nieguen a aceptar cuanto han mirado de sí mismos y se rebelen en contra de Dios.

Hijos de Mi Corazón Inmaculado, ¡se niegan tanto a los asuntos del espíritu!, algunos no reconocen la existencia del mal, otros no conocen que poseen un espíritu que mora dentro del cuerpo humano.

SATANÁS OPERA ASTUTAMENTE, ATACA DE UNO EN UNO, ENVÍA A SUS LEGIONES A ATACAR A DETERMINADA CRIATURA HUMANA. Él se encuentra enojado contra ustedes, Mis hijos, porque se esfuerzan en ser diferentes a lo que eran antes, se esfuerzan por ser mejores cada instante, ante la proximidad del cumplimiento de la Palabra Divina.

Ustedes no son de los que creen que cuanto viven en este instante, se ha vivido siempre y luego todo continuará siendo igual que antes. EL DEMONIO SÍ RECONOCE QUE LE QUEDA POCO PARA LLEVAR LAS ALMAS AL INFIERNO, en esto lleva una ventaja sobre los que no creen en que el instante ha llegado.

El demonio sabe que tiene que actuar con fuerza, depravando al hombre, alejándole de Mi Hijo y llevándole a amar el mal y a desear el mal.

Satanás sabe que en este instante tiene un gran problema.  Sí hijos, el gran problema para satanás son ustedes, que continúan amando a Mi Hijo, recibiéndole en Su Cuerpo y Sangre, amando la fraternidad, venciendo los defectos que les alejan de la Vida Eterna. USTEDES SON, HIJOS MÍOS, EL GRAN PROBLEMA PARA EL DEMONIO. POR ELLO TIENEN QUE SER ASTUTOS PARA RECONOCERLE Y NO CAER EN LAS TENTACIONES.

Hijos Míos, aumentarán las causas de desastres en la Tierra. El hombre actuará con mayor cizaña, la mente humana será invadida con una fijación: dar muerte al hermano, lacerar a los niños y provocar el terror y la incertidumbre.

No teman, Mis hijos, oren y practiquen los Mandamientos de la Ley de Dios, sean misericordiosos, adoren a Mi Hijo en espíritu y verdad. No les entregaremos en manos enemigas, la protección Divina es llamada por cada uno con plenitud de consciencia.

Oren hijos Míos, oren.  Pakistán, este pueblo, llorará sobre sí mismo.

Oren hijos Míos, oren por China, de un instante a otro el conflicto de esta Nación, se expandirá por toda la Tierra.

Oren hijos Míos, oren por Francia, las lágrimas serán ríos de dolor.

Oren hijos Míos, la tierra continúa abriéndose y el hombre no llegará a encontrar soluciones. (1)

Oren hijos Míos y miren al Cielo, la admiración será grande.

La Naturaleza llega a la tierra con mayor poder, desatando su furia contra el pecado.

El Sol tendrá en tensión al hombre, ya no es tan aliado del hombre. (2)

Ecuador padece, este pueblo padece, lamenta y llora.

Indonesia mira con asombro la fuerza de los volcanes ante el estremecer de la tierra. (3)

Argentina, tierra de paz, deja el lamento sobre su suelo.

NIEGAN A MI HIJO, IDOLATRAN A SATANÁS Y A SUS TENTÁCULOS…

MIS HIJOS PREDILECTOS DEBEN SER FUERTES EN SUS HOMILÍAS, LUCHEN POR LAS ALMAS.

QUIENES SE ACERCAN A SATANÁS LE ENTREGAN EL CONTROL DE SUS SENTIDOS.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado:

ESTE INSTANTE ES VERDADERAMENTE UN INSTANTE. LAS FUERZAS MASÓNICAS NO PIERDEN TIEMPO, LAS FUERZAS ILLUMINATI HAN GIRADO LAS ÓRDENES A SU GRAN ÉLITE. EL EXTERMINIO DE GRAN PARTE DE LA POBLACIÓN MUNDIAL ES EL PROPÓSITO DE ELLOS. Las grandes organizaciones mundiales se encuentran bajo este dominio, y la meta es la degeneración humana para que se entreguen al mal.

La Iglesia de Mi Hijo será motivo de gran crítica, ustedes Mis hijos, no pierdan la Fe.

Un presidente perderá la vida en manos de sus oponentes.

Nicaragua es tierra de provisión del comunismo, el que no habla posee un botín…

Hijos, no tarden en retomar el camino, sean hijos atentos a los Llamados, a esta explicitación de la Palabra Divina. PERMANEZCAN ATENTOS A ESTA BENDICIÓN QUE RECIBEN DE LA MANO DE DIOS PADRE.

Hijos, oren y sean praxis, la oración sin frutos es muerta.

Despierten a sus hermanos que duermen, no tengan temor. Esperen con paciencia. la Casa del Padre no abandona a Su Pueblo.

LES BENDIGO, HIJOS,
SE MANTIENEN EN LA BARCA DE MI CORAZÓN.

Les amo.

Mamá María.

AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA.
AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA.
AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA.

(1)
Profecías sobre el agrietamiento de la tierra.

(2)
Profecías sobre la actividad solar.

(3)
Profecías sobre la actividad volcánica.

COMENTARIO DEL INSTRUMENTO

Hermanos (as):

Claramente siento el angustioso Llamado de nuestra Madre Santísima, ante la escasez de conocimiento del hombre y las facultades que poseemos.

Nuestra Madre nos da una lección sobre el YO HUMANO, o ego humano. Quizá porque éste ha sido la causa de grandes desgracias en la Humanidad, una de ellas: la Segunda Guerra Mundial.

En este instante de oración praxis, recogimiento e instrucción, nuestra Madre nos dice que no es necesario participar de una guerra para vivir una guerra. ¿Cuál guerra? La guerra que el yo humano mantiene en cada uno de los hombres. Y el Llamado de nuestra Madre es a combatir todos los apegos dentro de cada uno, de manera personal porque el mal llega y fecunda el terreno propicio, el terreno inundado por la fuerza del ego.

Como dice nuestra Madre, cada uno reconoce sus virtudes y sus limitantes, que en la mayoría de las ocasiones son parte de esa idolatría a sí mismo, y de la soberbia en la que ha penetrado el demonio.

Este es el instante de anular lo que nos separa del camino hacia la Vida Eterna.

Nuestra Madre nos llama a no ser egoístas, a no juzgar negativamente a los hermanos, a no ser destructivos, porque estos son algunos de los indicadores de quien posee el ego elevado, y cuando el ego se encuentra en ese estado, no se mira la realidad tal cual es. Se vive con una máscara.

Me compartió nuestra Madre, la petición que Ella nos hace a todos Sus hijos: “NO DECLINAR EN ESTE INSTANTE”, SER MÁS DE DIOS QUE DEL MUNDO.

Y Ella me solicitó pedir a cada uno en este llamado A VIVIR
CADA UNO EN PAZ, LAS FAMILIAS EN PAZ, LAS RELACIONES CON LOS HERMANOS EN PAZ, porque el demonio se encuentra urgido de mantener a los hijos de Ella, de nuestra Madre, en una constante batalla.

Por tanto, hermanos, tenemos tanto por lo que permanecer unidos, que no es bueno para ninguno robar la paz al prójimo.

Nos alertan por medio de hechos contra los Templos, se llevan a cabo fastuosos ritos a satanás.

¿En qué estado se encuentra esta generación?    ¿Podemos hacer algo nosotros?

SÍ, VIVIR COMO NOS LO INDICA NUESTRA MADRE SANTÍSIMA Y APROVECHAR CADA INSTANTE PARA DECIR:

“TODO TUYO MADRE, LLÉVAME A TU DIVINO HIJO”

Amén.


UNA HERMOSA VIVENCIA


TESTIMONIO DE CATALINA SOBRE LA SANTA MISA

En la maravillosa catequesis con la que el Señor y la Virgen María nos han ido instruyendo

  • en primer lugar, enseñándonos la forma de rezar el Sto. Rosario, de orar con el corazón, de meditar y disfrutar de los momentos de encuentro con Dios y con nuestra Madre bendita; la manera de confesarse bien- está la del conocimiento de lo que sucede en la Santa Misa y la forma de vivirla con el corazón.

Este es el testimonio que debo y quiero dar al mundo entero, para mayor Gloria de Dios y para la salvación de todo aquel que quiera abrir su corazón al Señor. Para que muchas almas consagradas a Dios, reaviven el fuego del amor a Cristo, unas que son dueñas de las manos que tienen el poder de traerlo a la tierra para que sea nuestro alimento, las otras, para que pierdan la “costumbre rutinaria” de recibirlo y revivan el asombro del encuentro cotidiano con el amor. Para que mis hermanos y hermanas laicas del mundo entero vivan el mayor de los Milagros con el corazón: la celebración de la Santa Eucaristía.

Era la vigilia del día de la Anunciación y los componentes del grupo nuestro habíamos ido a confesarnos. Algunas de las señoras del grupo de oración no alcanzaron a hacerlo y dejaron su confesión para el día siguiente ante de la Santa Misa.

Cuando llegué al día siguiente a la Iglesia un poco atrasada, el señor Arzobispo y los sacerdotes ya estaban saliendo al presbiterio. Dijo la Virgen con aquella voz tan suave y femenina que a una le endulza el alma.

“Hoy es un día de aprendizaje para ti y quiero que prestes mucha atención, porque de lo que seas testigo hoy, todo lo que vivas en este día, tendrás que participarlo a la humanidad”.

Me quedé sobrecogida sin entender, pero procurando estar muy atenta. Lo primero que percibí es que había un coro de voces muy hermosas que cantaban como si estuviesen lejos, a momentos se acercaba y luego se alejaba la música como con el sonido del viento.

El señor Arzobispo empezó la Santa Misa, y al llegar a la Oración Penitencial, dijo la Santísima Virgen:

“Desde el fondo de tu corazón, pide perdón al Señor por todas tus culpas, por haberlo ofendido, así podrás participar dignamente de este privilegio que es asistir a la Santa Misa.”

Seguramente que por una fracción de segundo pensé: “Pero si estoy en Gracia de Dios, me acabo de confesar anoche”.

Ella contestó: “¿Y tú crees que desde anoche no has ofendido al Señor? Déjame que Yo te recuerde algunas cosas. Cuando salías para venir aquí, la muchacha que te ayuda se acercó para pedirte algo y como estabas con retraso, a la apurada, le contestaste no de muy buena forma. Eso ha sido una falta de caridad de tu parte y dices no haber ofendido a Dios…?”

“De camino hacia acá un autobús se atravesó en tu camino, casi te choca y te expresaste en forma poco conveniente contra ese pobre hombre, en lugar de venir haciendo tus oraciones, preparándote para la Santa Misa. Has faltado a la caridad y has perdido la paz, la paciencia. ¿Y dices no haber lastimado al Señor…?”

“En el último momento llegas, cuando ya la procesión de los celebrantes está saliendo para celebrar la Misa…y vas a participar de ella sin una previa preparación…”

-Ya, Madre Mía, ya no me digas más, no me recuerdes más cosas porque me voy a morir de pesar y vergüenza- contesté.

“¿Por qué tienen que llegar en el último momento? Ustedes deberían estar antes para poder hacer una oración y pedir al Señor que envíe Su Santo Espíritu, que les otorgue un espíritu de paz que eche fuera el espíritu del mundo, las preocupaciones, los problemas y las distracciones para ser capaces de vivir este momento tan sagrado. Pero llegan casi al comenzar la celebración, y participan como si participaran de un evento cualquiera, sin ninguna preparación espiritual. ¿Por qué? Es el Milagro más grande, van a vivir el momento de regalo más grande de parte del Altísimo y no lo saben apreciar.”

Era bastante. Me sentía tan mal que tuve más que suficiente para pedir perdón a Dios, no solamente por las faltas de ese día, sino por todas las veces que, como muchísimas otras personas, esperé a que termine la homilía del sacerdote para entrar en la Iglesia. Por las veces que no supe o me negué a comprender lo que significaba estar allí, por las veces que tal vez habiendo estado mi alma llena de pecados más graves, me había atrevido a participar de la Santa Misa.

Era día de Fiesta y debía recitarse el Gloria. Dijo nuestra Señora:

Glorifica y bendice con todo tu amor a la Santísima Trinidad en tu reconocimiento como criatura Suya”.

Qué distinto fue aquel Gloria. De pronto me veía en un lugar lejano, lleno de luz ante la Presencia Majestuosa del Trono de Dios, y con cuánto amor fui agradeciendo al repetir: “…Por tu inmensa Gloria Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te damos gracias, Señor, Dios Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso y evoqué el rostro paternal del Padre lleno de bondad… Señor, Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, Tú que quitas el pecado del mundo…” Y Jesús estaba delante de mí, con ese rostro lleno de ternura y Misericordia: “…porque sólo Tú eres Dios, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo…” el Dios del Amor hermoso, Aquel que en ese momento estremecía todo mi ser…

Y pedí: “Señor, libérame de todo espíritu malo, mi corazón te pertenece, Señor mío envíame tu paz para conseguir el mejor provecho de esta Eucaristía y que mi vida dé sus mejores frutos. Espíritu Santo de Dios, transfórmame, actúa en mí, guíame ¡Oh Dios, dame los dones que necesito para servirte mejor…!”

Llegó el momento de la Liturgia de la Palabra y la Virgen me hizo repetir: “Señor, hoy quiero escuchar Tu Palabra y producir fruto abundante, que Tu Santo Espíritu limpie el terreno de mi corazón, para que Tu Palabra crezca y se desarrolle, purifica mi corazón para que esté bien dispuesto.”

“Quiero que estés atenta a las lecturas y a toda la homilía del sacerdote. Recuerda que la Biblia dice que la Palabra de Dios no vuelve sin haber dado fruto. Si tú estás atenta, va a quedar algo en ti de todo lo que escuches. Debes tratar de recordar todo el día esas Palabras que dejaron huella en ti. Serán dos frases unas veces, luego será la lectura del Evangelio entera, tal vez solo una palabra, paladear el resto del día y eso hará carne en ti porque esa es la forma de transformar la vida, haciendo que la Palabra de Dios lo transforme a uno”.

“Y ahora, dile al Señor que estás aquí para escuchar lo que quieres que Él diga hoy a tu corazón”.

Nuevamente agradecí a Dios por darme la oportunidad de escuchar Su Palabra y le pedí perdón por haber tenido el corazón tan duro por tantos años y haber enseñado a mis hijos que debían ir a Misa los domingos, porque así lo mandaba la Iglesia, no por amor, por necesidad de llenarse de Dios…

Yo que había asistido a tantas Eucaristías, más por compromiso; y con ello creía estar salvada. De vivirla, ni soñar, de poner atención en las lecturas y la homilía del sacerdote, menos.

¡Cuánto dolor sentí por tantos años de pérdida inútil, por mi ignorancia!… ¡Cuánta superficialidad en las Misas a las que asistimos, porque es una boda, una Misa de difunto o porque tenemos que hacernos ver con la sociedad! ¡Cuánta ignorancia sobre nuestra Iglesia y sobre los Sacramentos! ¡Cuánto desperdicio en querer instruirnos y culturizarnos en las cosas del mundo, que en un momento pueden desaparecer sin quedarnos nada, y que al final de la vida no nos sirven ni para alargar un minuto a nuestra existencia! Y, sin embargo, de aquello que va a ganarnos un poco del cielo en la tierra y luego la vida eterna, no sabemos nada, ¡Y nos llamamos hombres y mujeres cultas…!

Un momento después llegó el Ofertorio y la Santísima Virgen dijo: “Reza así: (y yo la seguía) Señor, te ofrezco todo lo que soy, lo que tengo, lo que puedo, todo lo pongo en Tus manos. Edifica Tú, Señor con lo poco que soy. Por los méritos de Tu Hijo, transfórmame, Dios Altísimo. Te pido por mi familia, por mis bienhechores, por cada miembro de nuestro Apostolado, por todas las personas que nos combaten, por aquellos que se encomiendan a mis pobres oraciones… Enséñame a poner mi corazón en el suelo para que su caminar sea menos duro.

Así oraban los santos, así quiero que lo hagan”.

Y es que así lo pide Jesús, que pongamos el corazón en el suelo para que ellos no sientan la dureza, sino que los aliviemos con el dolor de aquel pisotón. Años después leí un librito de oraciones de un Santo al que quiero mucho: José María Escrivá de Balaguer y allá pude encontrar una oración parecida a la que me enseñaba la Virgen. Tal vez este Santo a quien me encomiendo, agradaba a la Virgen Santísima con aquellas oraciones.

De pronto empezaron a ponerse de pie unas figuras que no había visto antes. Era como si del lado de cada persona que estaba en la Catedral, saliera otra persona y aquello se llenó de unos personajes jóvenes, hermosos. Iban vestidos con túnicas muy blancas y fueron saliendo hasta el pasillo central dirigiéndose hacia el Altar.

Dijo nuestra Madre: “Observa, son los Ángeles de la Guarda de cada una de las personas que está aquí. Es el momento en que su Ángel de la Guarda lleva sus ofrendas y peticiones ante el Altar del Señor.”

En aquel momento, estaba completamente asombrada, porque esos seres tenían rostros tan hermosos, tan radiantes como no puede uno imaginarse. Lucían unos rostros muy bellos, casi femeninos, sin embargo, la complexión de su cuerpo, sus manos, su estatura era de hombre. Los pies desnudos no pisaban el suelo, sino que iban como deslizándose, como resbalando. Aquella procesión era muy hermosa.

Algunos de ellos tenían como una fuente de oro con algo que brillaba mucho con una luz blanca-dorada, dijo la Virgen: – “Son los Ángeles de la Guarda de las personas que están ofreciendo esta Santa Misa por muchas intenciones, aquellas personas que están conscientes de lo que significa esta celebración, aquellas que tienen algo que ofrecer al Señor…”

“Ofrezcan en este momento…, ofrezcan sus penas, sus dolores, sus ilusiones, sus tristezas, sus alegrías, sus peticiones.

Recuerden que la Misa tiene un valor infinito, por lo tanto, sean generosos en ofrecer y en pedir.”

Detrás de los primeros Ángeles venían otros que no tenían nada en las manos, las llevaban vacías. Dijo la Virgen: – “Son los Ángeles de las personas que estando aquí, no ofrecen nunca nada, que no tienen interés en vivir cada momento litúrgico de la Misa y no tienen ofrecimientos que llevar ante el Altar del Señor.”

En último lugar iban otros Ángeles que estaban medio tristones, con las manos juntas en oración, pero con la mirada baja. – “Son los Ángeles de la Guarda de las personas que estando aquí, no están, es decir de las personas que han venido forzadas, que han venido por compromiso, pero sin ningún deseo de participar de la Santa Misa y los Ángeles van tristes porque no tienen qué llevar ante el Altar, salvo sus propias oraciones.”

“No entristezcan a su Ángel de la Guarda… Pidan mucho, pidan por la conversión de los pecadores, por la paz del mundo, por sus familiares, sus vecinos, por quienes se encomiendan a sus oraciones. Pidan, pidan mucho, pero no sólo por ustedes, sino por los demás.”

“Recuerden que el ofrecimiento que más agrada al Señor es cuando se ofrecen ustedes mismos como holocausto, para que Jesús, al bajar, los transforme por Sus propios méritos. ¿Qué tienen que ofrecer al Padre por sí mismos? La nada y el pecado, pero al ofrecerse unidos a los méritos de Jesús, aquel ofrecimiento es grato al Padre.”

Aquel espectáculo, aquella procesión era tan hermosa que difícilmente podría compararse a otra. Todas aquellas criaturas celestiales haciendo una reverencia ante el Altar, unas dejando su ofrenda en el suelo, otras postrándose de rodillas con la frente casi en el suelo y luego que llegaban allá desaparecían a mi vista.

Llegó el momento final del Prefacio y cuando la asamblea decía: “Santo, Santo, Santo” de pronto, todo lo que estaba detrás de los celebrantes desapareció. Del lado izquierdo del señor Arzobispo hacia atrás en forma diagonal aparecieron miles de Ángeles, pequeños, Ángeles grandes, Ángeles con alas inmensas, Ángeles con alas pequeñas, Ángeles sin alas, como los anteriores; todos vestidos con unas túnicas como las albas blancas de los sacerdotes o los monaguillos.

Todos se arrodillaban con las manos unidas en oración y en reverencia inclinaban la cabeza. Se escuchaba una música preciosa, como si fueran muchísimos coros con distintas voces y todos decían al unísono junto con el pueblo: Santo, Santo, Santo…

Había llegado el momento de la Consagración, el momento del más maravilloso de los Milagros… Del lado derecho del Arzobispo hacia atrás en forma también diagonal, una multitud de personas, iban vestidas con la misma túnica, pero en colores pastel: rosa, verde, celeste, lila, amarillo; en fin, de distintos colores muy suaves. Sus rostros también

eran brillantes, llenos de gozo, parecían tener todos la misma edad. Se podía apreciar (y no puedo decirlo por qué) que había gente de distintas edades, pero todos parecían igual en las caras, sin arrugas, felices. Todos se arrodillaban también ante el canto de “Santo, Santo, Santo, es el Señor…”

Dijo nuestra Señora: – “Son todos los Santos y Bienaventurados del cielo y entre ellos, también están las almas de los familiares de ustedes que gozan ya de la Presencia de Dios.” Entonces la vi.

Allá justamente a la derecha del señor Arzobispo… un paso detrás del celebrante, estaba un poco suspendida del suelo, arrodillada sobre unas telas muy finas, transparentes, pero a la vez luminosas, como agua cristalina, la Santísima Virgen, con las manos unidas, mirando atenta y respetuosamente al celebrante. Me hablaba desde allá, pero silenciosamente, directamente al corazón, sin mirarme.

– “¿Te llama la atención verme un poco más atrás de Monseñor, verdad? Así debe ser… Con todo lo que Me ama Mi Hijo, no Me Ha dado la dignidad que da a un sacerdote de poder traerlo entre Mis manos diariamente, como lo hacen las manos sacerdotales.

Por ello siento tan profundo respeto por un sacerdote y por todo el milagro que Dios realiza a través suyo, que me obliga a arrodillarme aquí.”

¡Dios mío, cuánta dignidad, cuánta gracia derrama el Señor sobre las almas sacerdotales y ni nosotros, ni tal vez muchos de ellos estamos conscientes!

Delante del altar, empezaron a salir unas sombras de personas en color gris que levantaban las manos hacia arriba.

Dijo la Virgen Santísima: – “Son las almas benditas del Purgatorio que están a la espera de las oraciones de ustedes para refrescarse. No dejen de rezar por ellas. Piden por ustedes, pero no pueden pedir por ellas mismas, son ustedes quienes tienen que pedir por ellas para ayudarlas a salir para encontrarse con Dios y gozar de Él eternamente.”

– “Ya lo ves, aquí Estoy todo el tiempo… La gente hace peregrinaciones y busca los lugares de Mis apariciones, y está bien por todas las gracias que allá se reciben, pero en ninguna aparición, en ninguna parte Estoy más tiempo presente que en la Santa Misa. Al pie del Altar donde se celebra la Eucaristía, siempre Me van a encontrar; al pie del Sagrario permanezco Yo con los Ángeles, porque Estoy siempre con Él.”

Ver ese rostro hermoso de la Madre en aquel momento del “Santo”, al igual que todos ellos, con el rostro resplandeciente, con las manos juntas en espera de aquel milagro que se repite continuamente, era estar en el mismo cielo. Y pensar que hay gente, habemos personas que podemos estar en ese momento distraídas, hablando… Con dolor lo digo, muchos varones más que mujeres, que de pie cruzan los brazos, como rindiéndole un homenaje de pie al Señor, de igual a igual.

Dijo la Virgen: “Dile al ser humano, que nunca un hombre es más hombre que cuando dobla las rodillas ante Dios.”

El celebrante dijo las palabras de la “Consagración”. Era una persona de estatura normal, pero de pronto empezó a crecer, a volverse lleno de luz, una luz sobrenatural entre blanca y dorada lo envolvía y se hacía muy fuerte en la parte del rostro, de modo que no podía ver sus rasgos. Cuando levantaba la forma vi sus manos y tenían unas marcas en el dorso de las cuales salía mucha luz. ¡Era Jesús!… Era Él que con Su Cuerpo envolvía el del celebrante como si rodeara amorosamente las manos del señor

Arzobispo. En ese momento la Hostia comenzó a crecer y crecer enorme y en ella, el Rostro maravilloso de Jesús mirando hacia Su pueblo.

Por instinto quise bajar la cabeza y dijo nuestra Señora: “No agaches la mirada, levanta la vista, contémplalo, cruza tu mirada con la Suya y repite la oración de Fátima: Señor, yo creo, adoro, espero y Te amo, Te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman. Perdón y Misericordia… Ahora dile cuánto lo

amas, rinde tu homenaje al Rey de Reyes.”

Se lo dije, parecía que sólo a mí me miraba desde la enorme Hostia, pero supe que así contemplaba a cada persona, lleno de amor… Luego bajé la cabeza hasta tener la frente en el suelo, como hacían todos los Ángeles y bienaventurados del Cielo. Por fracción de un segundo tal vez, pensé qué era aquello que Jesús tomaba el cuerpo del celebrante y al mismo tiempo estaba en la Hostia que al bajarla el celebrante se volvía nuevamente pequeña. Tenía yo las mejillas llenas de lágrimas, no podía salir de mi asombro.

Inmediatamente Monseñor dijo las palabras consagratorias del vino y junto a sus palabras, empezaron unos relámpagos en el cielo y en el fondo. No había techo de la Iglesia ni paredes, estaba todo oscuro solamente aquella luz brillante en el Altar.

De pronto suspendido en el aire, vi a Jesús crucificado, de la cabeza a la parte baja del pecho. El tronco transversal de la cruz estaba sostenido por unas manos grandes, fuertes. De en medio de aquel resplandor se desprendió una lucecita como de una paloma muy pequeña muy brillante, dio una vuelta velozmente toda la Iglesia y se fue a posar en el hombro izquierdo del señor Arzobispo que seguía siendo Jesús, porque podía distinguir Su melena y Sus llagas luminosas, Su cuerpo grande, pero no veía Su Rostro.

Arriba, Jesús crucificado, estaba con el rostro caído sobre el lado derecho del hombro Podía contemplar el rostro y los brazos golpeados y descarnados. En el costado derecho tenía una herida en el pecho y salía a borbotones, hacia la izquierda sangre y hacia la derecha, pienso que agua, pero muy brillante; más bien eran chorros de luz que iban dirigiéndose hacia los fieles moviéndose a derecha e izquierda. ¡Me asombraba la cantidad de sangre que fluía hacía del Cáliz! ¡Pensé que iba a rebalsar y manchar todo el Altar, pero no cayó una sola gota!

Dijo la Virgen en ese momento: “-Este es el milagro de los milagros, te lo He repetido, para el Señor no existe ni tiempo ni distancia y en el momento de la consagración, toda la asamblea es trasladada al pie del Calvario en el instante de la crucifixión de Jesús.

¿Puede alguien imaginarse eso? Nuestros ojos no lo pueden ver, pero todos estamos allá, en el momento en que a Él lo están crucificando y está pidiendo perdón al Padre, no solamente por quienes lo matan, sino por cada uno de nuestros pecados: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!”

A partir de aquel día, no me importa si me toman como a loca, pero pido a todos que se arrodillen, que traten de vivir con el corazón y toda la sensibilidad de que son capaces aquel privilegio que el Señor nos concede.

Cuando íbamos a rezar el Padrenuestro, habló el Señor por primera vez durante la celebración y dijo: “Aguarda, quiero que ores con la mayor profundidad que seas capaz y que en este momento, traigas a tu memoria a la persona o a las personas que más daño te hayan ocasionado durante tu vida, para que las abraces junto a tu pecho y les digas de todo corazón: “En el Nombre de Jesús yo te perdono y te deseo la paz. En el Nombre de Jesús te pido perdón y deseo mi paz. Si esa persona merece la paz, la va a recibir y le hará mucho bien; si esa persona no es capaz de abrirse a la paz, esa paz volverá a tu corazón. Pero no quiero que recibas y des la paz a otras personas cuando no eres capaz de perdonar y sentir esa paz primero en tu corazón.”

“Cuidado con lo que hacen” – continuó el Señor – “Ustedes repiten en el Padrenuestro: perdónanos, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Si ustedes son capaces de perdonar y no olvidar, como dicen algunos, están condicionando el perdón de Dios. Están diciendo perdóname únicamente como yo soy capaz de perdonar, no más allá.”

No sé cómo explicar mi dolor, al comprender cuánto podemos herir al Señor y cuánto podemos lastimarnos nosotros mismos con tantos rencores, sentimientos malos y cosas feas que nacen de los complejos y de las susceptibilidades. Perdoné, perdoné de corazón y pedí perdón a todos los que me habían lastimado alguna vez, para sentir la paz del Señor.

El celebrante decía: “…concédenos la paz y la unidad… y luego: “la paz del Señor esté con todos ustedes…”

De pronto vi que en medio de algunas personas que se abrazaban (no todos), se colocaba en medio una luz muy intensa, supe que era Jesús y me abalancé prácticamente a abrazar a la persona que estaba a mi lado.

Pude sentir verdaderamente el abrazo del Señor en esa luz, era Él que me abrazaba para darme Su paz, porque en ese momento había sido yo capaz de perdonar y de sacar de mi corazón todo dolor contra otras personas. Eso es lo que Jesús quiere, compartir ese momento de alegría abrazándonos para desearnos Su Paz.

Llegó el momento de la comunión de los celebrantes, ahí volví a notar la presencia de todos los sacerdotes junto a Monseñor.

Cuando él comulgaba, dijo la Virgen:

“Este es el momento de pedir por el celebrante y los sacerdotes que lo acompañan, repite junto a Mí: Señor, bendícelos, santifícalos, ayúdalos, purifícalos, ámalos, cuídalos, sostenlos con Tu Amor… Recuerden a todos los sacerdotes del mundo, oren por todas las almas consagradas…”

Hermanos queridos, ese es el momento en que debemos pedir porque ellos son Iglesia, como también lo somos nosotros los laicos. Muchas veces los laicos exigimos mucho de los sacerdotes, pero somos incapaces de rezar por ellos, de entender que son personas humanas, de comprender y valorar la soledad que muchas veces puede rodear a un sacerdote.

Debemos comprender que los sacerdotes son personas como nosotros y que necesitan comprensión, cuidado, que necesitan afecto, atención de parte de nosotros, porque están dando su vida por cada uno de nosotros, como Jesús, consagrándose a él.

El Señor quiere que la gente del rebaño que le ha encomendado Dios ore y ayude en la santificación de su Pastor. Algún día, cuando estemos al otro lado, comprenderemos la maravilla que el Señor ha hecho al darnos sacerdotes que nos ayuden a salvar nuestra alma.

Empezó la gente a salir de sus bancas para ir a comulgar. Había llegado el gran momento del encuentro, de la “Comunión”, el Señor me dijo: – “Espera un momento, quiero que observes algo…”, por un impulso interior levanté la vista hacia la persona que iba a recibir la comunión en la lengua de manos del sacerdote.

Debo aclarar que esta persona era una de las señoras de nuestro grupo que la noche anterior no había alcanzado a confesarse, y lo hizo recién esa mañana, antes de la Santa Misa. Cuando el sacerdote colocaba la Sagrada Forma sobre su lengua, como un flash de luz, aquella luz muy dorada-blanca atravesó a esta persona por la espalda primero y luego fue bordeándola en la espalda, los hombros y la cabeza.

Dijo el Señor:

“¡Así es como Yo Me complazco en abrazar a un alma que viene con el corazón limpio a recibirme!”

El matiz de la voz de Jesús era de una persona contenta. Yo estaba atónita mirando a esa amiga volver hacia su asiento rodeada de luz, abrazada por el Señor, y pensé en la maravilla que nos perdemos tantas veces por ir con nuestras pequeñas o grandes faltas a recibir a Jesús, cuando tiene que ser una fiesta.

Muchas veces decimos que no hay sacerdotes para confesarse a cada momento y el problema no está en confesarse a cada momento, el problema radica en nuestra facilidad para volver a caer en el mal. Por otro lado, así como nos esforzamos por ir a buscar un salón de belleza o los señores un peluquero cuando tenemos una fiesta, tenemos que

esforzarnos también en ir a buscar un sacerdote cuando necesitamos que saque todas esas cosas sucias de nosotros, pero no tener la desfachatez de recibir a Jesús en cualquier momento con el corazón lleno de cosas feas.

Cuando me dirigía a recibir la comunión Jesús repetía: – “La última cena fue el momento de mayor intimidad con los Míos. En esa hora del amor, instauré lo que ante los ojos de los hombres podría ser la mayor locura, hacerme prisionero del Amor.

Instauré la Eucaristía. Quise permanecer con ustedes hasta la consumación de los siglos, porque Mi Amor no podía soportar que quedaran huérfanos aquellos a quienes amaba más que a Mi vida…”

Recibí aquella Hostia, que tenía un sabor distinto, era una mezcla de sangre e incienso que me inundó entera. Sentía tanto amor que las lágrimas me corrían sin poder detenerlas…

Cuando llegué a mi asiento, al arrodillarme dijo el Señor: – “Escucha…”

Y en un momento comencé a escuchar dentro de mí las oraciones de una señora que estaba sentada delante de mí y que acababa de comulgar.

Lo que ella decía sin abrir la boca era más o menos así: “Señor, acuérdate que estamos a fin de mes y que no tengo el dinero para pagar la renta, la cuota del auto, los colegios de los chicos, tienes que hacer algo para ayudarme… Por favor, haz que mi marido deje de beber tanto, no puedo soportar más sus borracheras y mi hijo menor, va a perder el año otra vez si no lo ayudas, tiene exámenes esta semana……. Y no te olvides de la vecina que debe mudarse de casa, que lo haga de una vez porque ya no la puedo aguantar… etc., etc.

De pronto el señor Arzobispo dijo: “Oremos” y obviamente toda la asamblea se puso de pie para la oración final.

Jesús dijo con un tono triste: – “¿Te has dado cuenta? Ni una sola vez Me ha dicho que Me ama, ni una sola vez ha agradecido el don que Yo le He hecho de bajar Mi Divinidad hasta su pobre humanidad, para elevarla hacia Mí. Ni una sola vez ha dicho: gracias, Señor. Ha sido una letanía de pedidos… y así son casi todos los que vienen a recibirme.”

“Yo He muerto por amor y Estoy resucitado. Por amor espero a cada uno de ustedes y por amor permanezco con ustedes…, pero ustedes no se dan cuenta que necesito de su amor. Recuerda que Soy el Mendigo del Amor en esta hora sublime para el alma.”

¿Se dan cuenta ustedes de que Él, es Amor, está pidiendo nuestro amor y no se lo damos? Es más, evitamos ir a ese encuentro con el Amor de los Amores, con el único amor que se da en oblación permanente.

Cuando el celebrante iba a impartir la bendición, la Santísima Virgen dijo: “Atenta, cuidado… Ustedes hacen un garabato en lugar de la señal de la Cruz. Recuerda que esta bendición puede ser la última que recibas en tu vida, de manos de un sacerdote. Tú no sabes si saliendo de aquí vas a morir o no y no sabes si vas a tener la oportunidad de que otro sacerdote te de una bendición.

Esas manos consagradas te están dando la bendición en el Nombre de la Santísima Trinidad, por lo tanto, haz la señal de la Cruz con respeto y como si fuera la última de tu vida.”

¡Cuántas cosas nos perdemos al no entender y al no participar todos los días de la Santa Misa! ¿Por qué no hacer un esfuerzo de empezar el día media hora antes para correr a la Santa Misa y recibir todas las bendiciones que el Señor quiere derramar sobre nosotros?

Estoy consciente de que no todos, por sus obligaciones pueden hacerlo diariamente, pero al menos dos o tres veces por semana, sí y sin embargo tantos esquivan la Misa del domingo con el pequeño pretexto de que tienen un niño chico o dos o diez y por lo tanto no pueden asistir a Misa… ¿Cómo hacen cuando tienen otro tipo de compromisos importantes? Cargan con todos los niños o se turnan y el esposo va a una hora y la esposa a otra hora, pero cumplen con Dios.

Tenemos tiempo para estudiar, para trabajar, para divertirnos, para descansar, pero NO TENEMOS TIEMPO PARA IR AL MENOS EL DOMINGO A LA SANTA MISA.

Jesús me pidió que me quedara con Él unos minutos más luego de terminada la Misa. Dijo:

“No salgan a la carrera terminada la Misa, quédense un momento en Mi Compañía, disfruten de ella y déjenme disfrutar de la de ustedes…”

Había oído a alguien de niña decir que el Señor permanecía en nosotros como 5 o 10 minutos luego de la comunión. Se lo pregunté en ese momento: – Señor, verdaderamente, ¿cuánto tiempo te quedas luego de la comunión con nosotros?

Supongo que el Señor se debió reír de mi tontera porque contestó:

“Todo el tiempo que tú quieras tenerme contigo. Si me hablas todo el día, dedicándome unas palabras durante tus quehaceres, te escucharé. Yo estoy siempre con ustedes, son ustedes los que Me dejan a Mí. Salen de la Misa y se acabó el día de guardar, cumplieron con el día del Señor y se acabó, no piensan que Me gustaría compartir su vida familiar con ustedes, al menos ese día.”

“Ustedes en sus casas tienen un lugar para todo y una habitación para cada actividad: un cuarto para dormir, otro para cocinar, otro para comer, etc. etc. ¿Cuál es el lugar que han hecho para Mí? Debe ser un lugar no solamente donde tengan

una imagen que está empolvada todo el tiempo, sino un lugar donde al menos 5 minutos al día la familia se reúna para agradecer por el día, por el don de la vida, para pedir por sus necesidades del día, pedir bendiciones, protección, salud… Todo tiene un lugar en sus casas, menos Yo”.

“Los hombres programan su día, su semana, su semestre, sus vacaciones, etc. Saben qué día van a descansar, qué día ir al cine o a una fiesta, a visitar a la abuela o los nietos, los hijos, a los amigos, a sus diversiones. ¿Cuántas familias dicen una vez al mes al menos: “Este es el día en que nos toca ir a visitar a Jesús en el Sagrario” y viene toda la familia a conversar Conmigo, a sentarse frente a Mí y conversarme, contarme cómo les fue durante el último tiempo, contarme los problemas, las dificultades que tienen, pedirme lo que necesitan… ¡Hacerme partícipe de sus cosas! ¿Cuántas veces?”

“Yo lo sé todo, leo hasta en lo más profundo de sus corazones y sus mentes, pero me gusta que me cuenten ustedes sus cosas, que Me hagan partícipe como a un familiar, como al más íntimo amigo” ¡Cuántas gracias se pierde el hombre por no darme un lugar en su vida!”

Cuando me quedé aquel día con Él y en muchos otros días, fue dándonos enseñanzas y hoy quiero compartir con ustedes en esta misión que me han encomendado. Dice Jesús:

“Quise salvar a mi criatura, porque el momento de abrirles la puerta del cielo ha sido preñado con demasiado dolor…”

“Recuerda que ninguna madre ha alimentado a su hijo con su carne, Yo He llegado a ese extremo de Amor para comunicarles mis méritos.”

“La Santa Misa Soy Yo mismo prolongando Mi vida y Mi sacrificio en la Cruz entre ustedes. Sin los méritos de Mi vida y de Mi Sangre, ¿qué tienen para presentarse ante el Padre? La nada, la miseria y el pecado…”

“Ustedes deberían exceder en virtud a los Ángeles y Arcángeles, porque ellos no tienen la dicha de recibirme como alimento, ustedes sí. Ellos beben una gota del manantial, pero ustedes que tienen la gracia de recibirme, tienen todo el océano para beberlo.”

La otra cosa de la que habló con dolor el Señor fue de las personas que hacen un hábito de su encuentro con Él. De aquellas que han perdido el asombro de cada encuentro con Él. Que la rutina vuelve a ciertas personas tan tibias que no tienen nada nuevo que decirle a Jesús al recibirlo. De no pocas almas consagradas

que pierden el entusiasmo de enamorarse del Señor y hacen de su vocación un oficio, una profesión a la que no se le entrega más que lo que exige de uno, pero sin sentimiento…

Luego el Señor me habló de los frutos que debe dar cada comunión en nosotros. Es que sucede que hay gente que recibe al Señor a diario y que no cambia su vida. Que tienen muchas horas de oración y que hace muchas obras, etc. etc. Pero su vida no se va transformando y una vida que no se va transformando, no puede dar frutos verdaderos para el Señor. Los méritos que recibimos en la Eucaristía deben dar frutos de conversión en nosotros y frutos de caridad para con nuestros hermanos.

Los laicos tenemos un papel muy importante dentro de nuestra Iglesia, no tenemos ningún derecho a callarnos ante el envío que nos hace el Señor como a todo bautizado, de ir a anunciar la Buena Nueva. No tenemos ningún derecho de absorber todos estos conocimientos y no darlos a los demás y permitir que nuestros hermanos se mueran de hambre teniendo nosotros tanto pan en nuestras manos.

No podemos mirar que se esté desmoronando nuestra Iglesia, porque estamos cómodos en nuestras Parroquias, en nuestras casas, recibiendo y recibiendo tanto del Señor: Su Palabra, las homilías del sacerdote, las peregrinaciones, la Misericordia de Dios en el Sacramento de la confesión, la unión maravillosa con el alimento de la comunión, las charlas de tales o cuales predicadores.

En otras palabras, estamos recibiendo tanto y no tenemos el valor de salir de nuestras comodidades, de ir a una cárcel, a un instituto correccional, hablarle al más necesitado, decirle que no se entregue, que ha nacido católico y que su Iglesia lo necesita, ahí, sufriente, porque ese su dolor va a servir para redimir a otros, porque ese sacrificio le va a ganar la vida eterna.

No somos capaces de ir donde los enfermos terminales en los hospitales y rezando la coronilla a la Divina Misericordia, ayudarlos con nuestra oración en ese momento de lucha entre el bien y el mal, para librarlos de las trampas y tentaciones del demonio. Todo moribundo tiene temor y el solo tomar la mano de uno de ellos y hablarle del amor de Dios y de la maravilla que lo espera en el Cielo junto a Jesús y María, junto a sus seres que partieron, los reconforta.

La hora que estamos viviendo, no admite filiaciones con la indiferencia.

Tenemos que ser la mano larga de nuestros sacerdotes para ir donde ellos no pueden llegar. Pero para ello, para tener el valor, debemos recibir a Jesús, vivir con Jesús, alimentarnos de Jesús.

Tenemos miedo a comprometernos un poco más y cuando el Señor dice:

“Busca primero el Reino de Dios y lo demás se te dará por añadidura”, es el todo hermanos. Es el buscar el Reino de Dios por todos los medios y con todos los medios y… ¡abrir las manos para recibir TODO por añadidura; porque es el Patrón que mejor paga, el único que está atento a tus menores necesidades!

Hermano, hermana, gracias por haberme permitido cumplir con la misión que se me ha encomendado: hacerte llegar estas páginas.

La próxima vez que asistas a la Santa Misa, vívela. Sé que el Señor cumplirá contigo la promesa de que “Nunca más tu Misa volverá a ser la de antes”, y cuando lo recibas: ¡Ámalo!

Experimenta la dulzura de sentirte reposando entre los pliegues de Su costado abierto por ti, para dejarte Su Iglesia y Su Madre, para abrirte las puertas de la Casa de Su Padre, para que seas capaz de comprobar Su Amor Misericordioso a través de este testimonio y trates de corresponderle con tu pequeño amor.

Que Dios te bendiga en esta Pascua de Resurrección.

Tu hermana en Jesucristo Vivo,

Catalina

Misionera laica del Corazón Eucarístico de Jesús

PEDIDO ¡¡¡URGENTE!!!


ESTE TRECE DE MAYO (Viernes), DESEO UNA CADENA MUNDIAL DE ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO. CADA CRIATURA HUMANA DEBE CONSAGRARSE A NUESTROS SAGRADOS CORAZONES. ES IMPORTANTE QUE LA HUMANIDAD SE UNA Y LA ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO SEA SIN INTERRUPCIÓN EN TODO EL MUNDO.

(Favor Compartir con sus amistades).

Santa-Virgen

MENSAJE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

A SU AMADA HIJA LUZ DE MARÍA

8 DE MAYO DEL 2016

Hijos amados, el sol se mantiene en constante ebullición, del cielo descenderá una gran señal que llegará a la Tierra, el meteorito hará devastación. No lo ignoran las potencias, no lo ignoran ustedes, todos han sido alertados por Mi Hijo y por Mí, esta señal causará espanto dejando muerte a su paso, el tsunami se elevará y en instantes usurpará la vida (si no me equivoco, este es el AJENJO que nos habla el Apocalipsis).

JUVENTUD QUE CAE EN LA BAJEZA DEL ERROR. ¡CUÁNTO LAMENTARÁN LOS PADRES DE FAMILIA QUE NO HAN LLEVADO A SUS HIJOS A CONOCER A MI HIJO!

Oren hijos Míos, oren, en el mundo las industrias cierran, la economía cae en desplome, y el hombre busca a los culpables.

Oren hijos Míos, oren por Argentina, padece por el hombre, se precipita el dolor. El clima será implacable causará mayor dolor. La convulsión no espera, se enardecen las mentes. (1)

Oren hijos Míos, oren por Estados Unidos, su tierra se estremece con fuerza, el debilitamiento llega, sus habitantes han caído en un gran error, la política como nunca, antes se detendrá (2).

Oren hijos Míos, oren por Italia, llega su pesadilla en medio del tormento, los volcanes rugen, los dormidos despiertan, el Vesubio grita y los hombres corren sin tiempo. Los hombres de poder económico desearán compartir su riqueza, pero será tarde, demasiado tarde. (3)

Oren por Rusia, despierta el que dormía en aparente paz (4).

Oren hijos Míos, amen y adoren a Mi Hijo, permanezcan en Fe, para que los vientos no les dobleguen ante los pasos del gran tirano de la Humanidad.

La Tierra habla al hombre, pero el hombre no le ha escuchado ante los instantes de gran compromiso con el mal.

Lo mundano permanece y recrudecerá, dando rienda suelta al mal, Mis hijos se sentirán morir. No se aparten de Mi Hijo, recíbanle dignamente preparados.

Ustedes hijos Míos, esperen con paciencia y en Fe. Serán testigos del Ángel de Paz que Mi Hijo dará a Sus fieles para que no sean oprimidos por la maldad del anticristo.

Mensaje completo en:
http://www.revelacionesmarianas.com/

IMPORTANTE, NO LO IGNOREN


Amados hijos, las tormentas serán cada vez más frecuentes, tanto que sentirán temor. Las olas se levantarán en uno y otro lugar, sin que la ciencia logre advertirles. Ustedes ignoran que esto sucede a raíz del movimiento de las fallas tectónicas en las capas de la Tierra.

Hijos Míos, llegarán a estremecerse ante los eventos y la furia de la Naturaleza, verán con perplejidad la potencia con que el mar penetrará en la tierra y derribará lo que el hombre cree indestructible. En Mi Dolor anticipo la furia de los Elementos: los volcanes inactivos sorprenderán a la Humanidad, la Tierra se duele ante la indiferencia del hombre hacia su Creador.

Santa-Virgen

¿QUÉ ESPERAN, HIJOS MÍOS, PARA REGRESAR ANTE MI HIJO?

No les oculto que la carestía se hará sentir en todo el mundo: ricos y pobres padecerán hambre, el dinero no será medio para adquirir alimento, ni vestimenta, ni medicamentos. Ante la economía caída, nada será válido para la subsistencia humana hasta que se dispongan a colocarse en su cuerpo el sello de la bestia, el microchip, que los gobernantes de las Naciones exigirán a sus pueblos para entregarlos en manos del anticristo.

MENSAJE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

A SU AMADA HIJA LUZ DE MARÍA

DADO EN ROSARIO SANTA FE, ARGENTINA

2 DE MAYO DEL 2016

Mensaje completo en:

http://www.revelacionesmarianas.com/mensajesanteriores.html

La tierra y la naturaleza están en armonía con Dios, y al buscar esta armonía con el hombre y no encontrarla está reaccionando para advertir al hombre que debe volver a Dios.

—– URGENTE —–


NO ME BUSQUEN FUERA DE USTEDES, BÚSQUENME EN EL INTERIOR DE CADA UNO EN DONDE, OPRIMIDO, ESPERO UNA PALABRA: ¡SEÑOR MÍO!…

REVELACIONES MARIANAS JESUS

MENSAJE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
A SU AMADA HIJA LUZ DE MARÍA

4 DE MAYO DEL 2016

Lealo en: http://www.revelacionesmarianas.com/